¡Ya no quiero ser adulto!

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Levanta la mano si no has dicho esta frase al menos una vez en la vida.

Yo sí, varias.

La verdad es que tiene sus ventajas y son muchas, pero para poder gozar de ellas debes cumplir una serie de responsabilidades que neta son inmensamente pesadas y caras.

Vivir sola fue mi primer gran decisión que tomé en mi vida adulta, luego vino aventarme a pagar un coche por años, independizarme laboralmente y comenzar mi emprendimiento.

De ahí en adelante todo ha sido un sube y baja de emociones, una estabilidad e inestabilidad económica, miedo a fracasar. Y así, la lista podría seguir pero no queremos que esto se vuelva un blog post de quejas o algo por el estilo (y miren que quejarme me sale bastante bien).

Tengo un amigo con el que platico frecuentemente de estas y cosas y siempre terminamos con un “¡Está cabrón!” luego de hablar del seguro que hay por pagar, de los impuestos que SAT nos retiene, de la nueva compu que se necesita comprar porque la actual ya anda chafeando, que si la gasolina ya subió, el gas también, la cuentota del super, el intentar ahorrar… Uffff, gastos y más gastos.

Y entonces todo cae en una cosa: ser adulto no es el problema, el problema es mantenerse… mantenerse vivo. Jaja!

Sí, ok, muchas quisiéramos tener en este punto la vida resuelta pero pues no nos tocó heredar fortunas ni terrenos, así que hay que chingarle bien y bonito. Peeeero, también me pongo a pensar y me doy cuenta que la vida adulta es un dar y recibir.

No voy a negar que una de las mejores cosas que me ha dado el poder tomar mis decisiones y hacer lo que quiera de mis ingresos ha sido el independizarme.

Los mejores viajes de mi vida son esos que mi trabajo de adulto me permitió pagar.

Ni hablar del sexo, amix, mil veces mejor que ese de los recién cumplidos 20.

Salir a cenar, regresar tarde a tu casa, pagar tus botellas de vino, comprar regalos a tu familia o ayudarlos en sus gastos.

Hasta el emprender. (En este punto es en el que admiro mucho a mi hermano, quien se aventó a hacerlo por ahí de sus 18 años. Yo a esa edad andaba nomás pendejeando)

Así, una larga lista de ventajas y cosas chidas de ser un adulto responsable, trabajador y económicamente independiente.

Y, la neta, ¿ya me cansé de ser adulto? Sí. ¿Me la he pasado bien? Sí, 100%. Honestamente todos hemos querido renunciar a ser adulto una y otra vez, pero luego recordamos lo que hemos logrado y se nos pasa. Aceptamos que no está tan malo y que lo vamos a lograr, sólo queremos quejarnos en el camino, ¿o no?

Este meme siempre nos va a representar.

Por cierto, una adulta consolidada es aquella que usa IG y me sigue… ggg.

Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash

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