Little fluffy clouds

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Este es uno de los cinco relatos seleccionados del
Curso-Taller: Escritura creativa.

Los relatos están publicados sin edición.

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Autora: Fabiola Guzmán

–       “Hola, ¿911?” 

–       “Si, buenas noches” 

–       “Ehm… quiero reportar un olor fétido proveniente del departamento arriba del mío”

–       “Claro. Una unidad va en camino” 

Tirando la puerta, encuentran la escena: ahí estaba él, sentado en un sofá, viendo la espectacular vista desde la ventana. 

“Roberto Gómez” – le llama la policía, pero él no responde, él dice ser Demian y no conoce a la persona detrás suyo. 

Desde hace ya un tiempo Roberto se ha hecho pasar por Demian, a quien conoció hace algunos meses y de inmediato se obsesionó con él pues representaba todo lo que no había tenido a lo largo de su vida: dinero, viajes, carros y mujeres.

Una vida sencilla: madre trabajadora, padre ausente. Mamá amorosamente le procuró todo lo que era necesario para salir adelante como un miembro activo de una sociedad a la que desde pequeño deleznaba. Trabajaba en una oficina, 8 horas diarias. Añoraba sus días en esa colonia de las afueras de la ciudad en donde todas las tardes se tiraba a ver las nubes esponjosas en las que encontraba figuras al azar. 

Desde su infancia Roberto tuvo una extraña fascinación con la vida de la gente de clase alta. Su mamá trabajaba en una casa de Bosques de las Lomas. A Roberto nunca le faltó nada en el estricto sentido de la palabra, la “patrona” de la casa apoyó siempre a Azucena, madre de Roberto, para que pudiera sacarlo adelante.

–       “Azu, a tu niño nunca le va a faltar nada,  de eso me encargo yo” le decía la señora Feldman. Ya con bastantes años, viuda, su único hijo Nico había fallecido a causa de una terrible enfermedad.

–       “Señora, no es necesario. Si acaso ayúdeme a que Roberto termine la universidad, no quiero que termine como su padre”

La señora Feldman desde siempre le dio de más a Azu, quien se volvió en el tiempo su única compañía y confidente.

Así es como Roberto acabó yendo a escuelas que ni en sus mejores sueños Azucena hubiera podido pagar. La circunstancia era de esperarse.

–       “Mira: ese es el hijo de la sirvienta, a él no lo invites”

–       “Ugh, pero si él no es de los nuestros. ¿Por qué está acá?

Aunque efectivamente nunca le faltó nada en el plano material, Roberto siempre sintió que le faltaba algo más allá, incluso, de la evidente ausencia de una figura paterna que lo guiará en ciertas situaciones de la vida.

No se sentía menos que sus compañeros, al contrario, sentía que era superior moralmente que cualquiera de esos seres frívolos que daban el mismo valor a una persona que a un coche o un viaje.

Vivía eternamente aburrido en un entorno que le parecía por demás ordinario. Aún así se  entretenía observandolos, pensando en lo precarias de sus conductas y cómo él podría responder mejor a cualquiera de las situaciones que ellos enfrentaban.

En casa, Roberto parecía ser un niño normal siempre ayudando a su mamá, parecía un hijo modelo. Pero cuando era hora de ir a su pequeño cuarto, Roberto desempolvaba un secreto, una caja de zapatos vieja y maltrecha que guardaba memorabilia de lo más extraña: envolturas de comida, hojas de cuadernos arrancadas, fotos robadas silenciosamente cuando nadie estaba observando y un bloc de anotaciones con descripciones completas de todos y cada uno de sus compañeros. Las notas, nunca versaban sobre mujeres, él no estaba interesado en eso.

Roberto todas las noches memorizaba frases, ademanes, modismos. Todo lo que lo acercara a ellos.Vivía confundido: en ocasiones sentía repulsión, en otras fascinación sobre la vida que tenía tan a la mano pero que a la vez estaba tan lejos de él.

En su tiempo libre leía, tirado en el paso y aprovechaba para ver las nubes las cuales lo fascinaban por como reflejaban los colores a su alrededor para festín de sus ojos. También le resultaba encantador el movimiento de las mismas que de un momento a otro cambiaban caprichosamente de forma o desaparecían por completo, algunas simplemente seguían su camino, indiferentes a los ojos que las veían. Para Roberto las nubes eran como personas:  fascinantes, cambiantes e impredecibles.

El tiempo pasó y Roberto se volvió un hombre que se incorporó a la vida habitual de la ciudad. Mañanas llenas de prisa, tráfico, ruido. Comenzó a trabajar en un corporativo lleno de gente y, al igual que su vida en la escuela, su trabajo como contador le parecía lo más monótono del mundo. Su único alivio a la vida de rutina era observar tanta gente a su alrededor y es así como lo encontró: Damien.

1.85 de estatura, cuerpo delgado pero en el cual se notaba el trabajo de gimnasio, bien parecido. Damien llamaba la atención con tan solo pararse en un lugar, la gente volteaba a verlo casi por inercia y Roberto no fue la excepción.

37 años y ya era CEO de la empresa, podría tener todo lo que quisiera en la palma de la mano: dinero, viajes y una novia que sería la envidia de cualquiera. Pero Damien estaba solo, todos los días soñaba con escapar.

Toda la vida Damien había sido presionado por su papá por ser el mejor, de actitud extremadamente competitiva el Sr. Johnson quería que su hijo fuera un tiburón como él mismo lo era.

Damien, de carácter más bien tranquilo, soñaba con poder quedarse en casa a hacer música, escribir y dedicarse a todo tipo de actividades artísticas que lo llenaban más que cualquier fiesta a la cual fuera invitado.

–       “Mamá: no quiero ir a esa fiesta” , “Mamá, a mi me gusta la música. No me interesa trabajar en una gran empresa”

–       “Nada Damien, tú papá no se ha esforzado tanto para nada. El sabe lo que es mejor para ti. Ya es hora de que madures y aceptes las cosas tal cual son”

Así es como Damién creció en un entorno que no le llenaba, tenía todo pero él se sentía como el hombre más pobre del mundo. Cuando al fin salió de su casa, en medida de lo posible se volvió un tipo solitario.

Clases de yoga y meditación para balancear las malas energías: “inhala  – exhala”  se repite una y otra vez a lo largo del día, planes de escape a la playa.

–       “Cuando me vaya, me dedicaré a mi música, al surf a ayudar a gente que lo necesite. Al fin podré estar solo”

Damien ha tenido un mal día, peleó por la mañana con Claudia por no querer ir a una fiesta más como las de siempre llena de gente superflua, dos fuegos que apagar en la oficina. Su mamá le marcó para confirmar si el Sábado iría a la comida que ofrecería su papá para celebrar el éxito de su nuevo negocio.

–       “Estoy harto” musitó Damien para él mismo.

Tomando sus cosas, sale de su oficina rumbo a su casa, pero el tráfico de la zona lo invita a quedarse a tomar una copa en el bar cercano al edificio. No es un bar donde normalmente lo encontrarán: un expendio de cerveza mayormente con comida poco saludable y precios amigables para la fuerza de trabajo. No le importa, mejor un lugar en donde nadie lo conozca.

Se sienta en la barra y ordena una cerveza, no levanta la mirada, desvía las llamadas de celular. No le interesa el mundo, solo piensa en el momento que pueda dejar ese lugar que lo presiona tanto a ser alguien que no es. Damién no odia a nadie, tal vez solo a sí mismo por no haber tenido el valor de separarse de su padre, aunque esto le significara perder su status el cual hoy no le importaba ya.

A su lado se sentó un joven con una mirada penetrante, también solo, pide la misma cerveza que Damien. Su día ha sido más de lo mismo. Era Roberto.

Dos cervezas después, Roberto, fascinado por el magnetismo natural de Damien, hace algo poco usual para él y decide entablar una conversación.

–       “Hola, tu celular no para de sonar. ¿Todo bien?”

–       “Disculpa, no quise molestarte con eso. Problemas, eso es lo que pasa. Siempre son los mismos problemas”

–       “Te notas un tanto desanimado, tal vez te funcione contarlo a alguien que no conoces, ya sabes alguien que no te puede juzgar”

Roberto se sentía fascinado por la tristeza y el desencanto que tenía Damien por la vida. Es algo que no había visto nunca en la gente como él, siempre tan altivos, tan distantes, tan fríos. Damien tenía cierta calidez, como las nubes rojas del atardecer.

–       “Estoy harto de mi trabajo, a veces solo quisiera desaparecer.”

–       “Vamos, no puede ser solo eso. Al final del día la mayoría tenemos trabajos que no nos gustan”

–       “Claro, no es solo eso. Por supuesto que hay más, pero realmente no creo que quieras abrumarte con mis problemas”

–       “No me abrumó, mira yo soy contador y como todos los contadores soy muy aburrido, no tengo novia, vivo solo, mi madre murió hace un par de años y a mi padre nunca lo conocí. Nadie me espera, tengo tiempo”

Todo lo que había dicho Roberto era cierto, sin nadie que lo esperará en casa, el tenía todo el tiempo del mundo para dedicarle a ese hombre que necesitaba desesperadamente ser escuchado.

–       “Bueno pues” dice Damien ya algo tomado. “Soy CEO de una gran empresa, llegue a este puesto con una combinación de algo de talento y muchas influencias. Cómo llegué es lo de menos, lo importante es que me da lo mismo, ya no tengo ni siquiera el ánimo para “odiar” el trabajo.”

–       “Sé quién eres” le contesta Roberto “Yo trabajo en la misma oficina que tú, pero como te dije mi puesto es demasiado insignificante como para que te percataras de mi existencia. No te culpo, un contador como yo es lo menos relevante para el CEO de la empresa”

–       “Perdona”

–       “ Te repito: no te culpo. Igual todos pensamos que haces un extraordinario trabajo”

No es que Roberto realmente lo piense, en realidad lo único que desea es ganarse la confianza de Demian para que se abra aún más con él y lo deje entrar en su vida. Es una fascinación que no había sentido antes.

La noche transcurrió entre copa y copa, ya un poco tomados Damien le propuso un trato a Roberto:

–       “¿Por qué no empiezo a entrenarte para ser como yo? Se ve claramente que tu trabajo no te llena y creo que estás listo para ser alguien más “importante” en la vida”

–       “No creo que pueda, para empezar no me parezco ni remotamente a ti”

–       “Físicamente, cierto. Pero creo que ambos tenemos un pasado que quisiéramos dejar atrás. Mira hay gente que no precisamente me conoce, ninguno de mis vecinos sabe bien de mi así que podrías quedarte en mi edificio, mi novia la puedo dejar y te puedes conseguir una usando mi nombre mis tarjetas, todo”

–       “Eso suena a que no me quieres entrenar para tu puesto, suena a que quieres un cambio de identidad”

–       “Yo necesito ser Roberto, agarrar mis maletas y largarme de aquí. Que nadie se acuerde si estoy o no estoy. Mis padres se han ido a vivir al extranjero, mis “amigos” pensarán que estoy en otro retiro y cuando lleven tiempo sin verme se olvidaran de mí. Muchos de los inversionistas de mi startup no conocen mi cara, hemos cerrado mucho del negocio a través de llamadas”

–       “No lo sé… suena…. complicado. Déjame pensarlo”

–       “La vida es complicada Roberto y uno tiene que sacrificar muchas cosas para cumplir sus sueños. Toma, te dejo mi telefono para que me busques en caso de que te decidas”

Roberto estaba decidido, no tenía ni siquiera que pensarlo. Pero quiso asegurarse de que eso no fuera una estupidez que Damien estuviera balbuceando a causa del alcohol.

Al fin podría tener lo que tanto había deseado y creía merecer. Era demasiado bueno para ser verdad: alguien de la nada le estaba ofreciendo todo.

Roberto llegó a su pequeño departamento esa noche pensando en cuál sería su siguiente paso.

–       “¿Por qué no?  Se dijo a sí mismo.

Al día siguiente tomó su celular y marcó a Damien

–       “Hola, ya lo he pensado y estoy de acuerdo”

–       “Perfecto, empecemos desde ya. ¿Podemos vernos más tarde?

Los meses pasaron y llegó el día. Entre Damien y Roberto habían preparado el plan perfecto. Damien renunció a su trabajo aduciendo que se dedicaría al 100% a su startup, en las juntas a distancia del startup Roberto empezaba a tomar el mando bajo el nombre de Damien.

Damien, como ya lo había mencionado corto a su novia y se fue alejando de a poco de su círculo, dejándose ver lo suficiente solo para contarles a unos cuantos que se iría próximamente a un retiro espiritual a las playas de Oaxaca.

El día llegó y Roberto mismo fue el encargado de llevar a Damien al aeropuerto en el coche que ahora pasaría a ser de su propiedad.

Y así a lo largo de los días Roberto se fue habituando a su nueva vida: departamento de lujo con vista a la ciudad, auto del año, recibía dinero del startup de Damien y le depositaba lo necesario para que pudiera vivir una vida sencilla en su retiro.

Desde un principio la idea de Damien era de no regresar, pero durante su retiro conoció a Sandra: una chica totalmente dedicada al yoga y al espiritualismo que descubriría le llenaría la vida como nunca nadie lo había hecho. Motivado por Sandra, decide que puede traer a la gente como él un poco de lo que él había aprendido durante ese periodo de iluminación.

–       “Hola ¿Roberto?” 

Damien y Roberto no habían tenido comunicación alguna desde el momento en que este se fue de la ciudad, lo único que lo seguía uniendo eran los depósitos que Roberto hacía puntualmente cada mes.

–       “Hola, no, te equivocas. Soy Damien”

–       “No, Roberto. Yo soy Damien, mira lo he pensado y quiero volver a casa. Tengo planes fabulosos y conocí a alguien que cambió por completo mi vida. No te preocupes: no te voy a dejar como te conocí, puedes seguir manejando el startup pero como Roberto”

–       “Ah Damien… Claro si, obvio, entiendo. No te preocupes, avísame cuando vuelves y yo voy por ti al aeropuerto”

–       “El próximo Martes, vuelo yo primero para tener todo listo para la llegada de Sandra. Siento mucho decirte esto pero necesito también el departamento”

–       “No te preocupes, tengo mi viejo departamento aún. Sabes, en lo que consigo algo mejor”

Pero no, Roberto no iba a dejar esa vida, esa vista, eso que siempre había querido ser. Él era Demian para muchos, para los vecinos, los inversionistas, la gente con la que convivía. Todos sabían que era Demian.

Llegó el día y Roberto se alistó para ir al aeropuerto. Tenía un plan: cuerdas, mordaza, algo con que golpear, todo guardado en una bolsa de gimnasio en la cajuela.

El vuelo de Damien viene con retraso y llegará más noche de lo esperado.

–       “Perfecto”

Damien se encuentra con Roberto. Es otro, un poco desaliñado, más flaco, pelo largo y barba. Pareciera que no se hubiera bañado, pero en su semblante una sonrisa, se ve sano. Feliz.

Roberto por otro lado se ve elegante, vestido con ropa casual pero fina, aseado, cuerpo trabajado.

Caminan ambos hacia el coche, Roberto se ofrece a subir las cosas de Damien a la cajuela. Van rumbo al departamento de Damien. Roberto le dice que lo deja ahí y que toma un Uber a su casa. Damien, cansado, acepta.

Ya en el garage ambos bajan del automóvil y Roberto le pide ayuda a Damien para bajar las cosas, cuando Damien se asoma a la cajuela Roberto aprovecha para golpearlo en la cabeza. Lo ata y le pone la mordaza. Con dificultad lo sube al departamento. Nadie los ve, no hay cámaras de seguridad, el vigilante está dormido.

Cuando Damien despierta se encuentra con la escena, Roberto lo ve con una mirada maliciosa.

-“Verás, Damien. Tu crees que puedes ir y venir a tu conveniencia pero NO. No puedes largarte y hacerme pensar que voy a tener todo lo que siempre quise y luego llegar a reclamar todo de vuelta. Yo hice crecer tu empresa, tu papá piensa que estás haciendo un excelente trabajo. Tus amigos creen que te hizo muy bien el retiro y que trabajas mejor en las playas de Oaxaca. Y tu linda ex novia Gaby, sigue pensando que cuando regreses estarás listo para casarte. Todo eso es lo que yo les dije a tus amigos para que no sospecharan. No Roberto, tú no te vas a quedar de vuelta con todo lo que yo trabajé. Yo no voy a volver a ser ese pobre diablo Roberto. Yo soy Damien”

Y así, es como Roberto empieza a cortar poco a poco las venas de Damien, verticalmente para que parezca un suicidio. Hundiendo el cuchillo empieza a sentir tanto placer, brota la sangre y con cada gota siente que está vengando cada una de las ofensas que le hicieron a lo largo de su vida.

–       “Otro corte, otro corte. Sigue, Sigue.” Roberto no deja de escuchar una voz en su cabeza que lo anima a continuar. Hasta dejarlo completamente desfigurado y sangrando en el piso.

Se sirve un Whisky y se sienta a contemplar su obra, manchado en sangre. Se siente invadido por una paz que no había sentido nunca antes. Otro Whisky, se para y pone música. Otro Whisky, se va a dormir.

Pasan días y Roberto hace su vida habitual. Trabajo, gimnasio, cenas. Nadie sospecha nada. Por las noches, cuando llega a casa admira su trabajo que sigue ahí en el piso, putrefacto. Cada día se encuentra más bello.

El Sábado, Roberto hace su rutina de mañana y por la tarde se sirve otro Whisky y se sienta de nuevo a admirar su obra.

–       “¿Hola 911?” 

–       “Si, buenas tardes” 

–       “Si, quiero reportar un olor fétido proveniente del departamento arriba mío”

–       “Claro, una unidad va en camino” 

Roberto escucha el golpeteo en la puerta, pero no reacciona.

Tirando la puerta, encuentran la escena: ahí estaba él, sentado en un sofá, viendo la espectacular vista desde la ventana. Detrás el cuerpo de Damien, en estado de putrefacción. 

 “Roberto Gómez” – le llama la policía, pero él no responde, él dice ser Demian y no conoce a la persona detrás suyo. 

Cuando van bajando Robeto tiene un semblante inexpresivo, al salir del edificio volta a ve el cielo, sonríe:

–       “Pequeñas nubes esponjosas”

El no sabía que sería la última vez que las vería ya que pasaría el resto de sus días en una casa para enfermos mentales.

Así como Damien no sabía que la última vez que las vería sería a través de la ventana de ese departamento que una vez odió, mientras le quitaban la vida de un suspiro.

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