Viviendo sola

«Sentí que estaba firmando mi divorcio»

Eso fue justo la frase que salió de mi boca mientras manejaba de regreso al trabajo después de haber firmado el contrato para mi nuevo depa.

 

Y ahí estaba yo, firmando los papeles del lugar que ahora tendría que ser mi hogar. Al salir del lugar y comenzar a manejar no pude evitar ponerme a llorar, marqué por teléfono y lo primero que dije fue eso: «Sentí que estaba firmando mi divorcio«, ¿por qué?, porque era evidente que ya no había marcha atrás.

 

 

No hay mejor manera de describir lo que la vida independiente me traía ahora, después de haber vivido en pareja por 3 años, todo había terminado.

 

Anteriormente les había compartido ya una entrada hablando de esto: «Vivir sola después de haber vivido en pareja…», ahí les contaba que la experiencia no era mía, alguien más la había compartido conmigo para poder presentárselas a ustedes esperando les sirviera de algo.

 

Hoy, después de un año, les contaré cómo lo viví yo. Porque sí, entre la experiencia de mi amiga y la mía, hay un mar de diferencias. Aunque nunca olvidaré aquella vez que le marqué y le dije «Sólo tú me puedes entender, siento qué muero…» y ella, honesta y sabiamente me dijo «Bonita, me encantaría decirte que va a ser fácil, pero no será así«. Y, efectivamente, fue la frase con mayor razón que escuché en ese periodo.

 

Imaginen mi escenario. Estaba en un depa que para nada sentía mi hogar, después de haber terminado él se fue y yo me quedé ahí por tres meses, con tres perros y sin ahorros porque había estado sin trabajo por 6 meses. Todo mal.

 

Imaginen llegar a un lugar, diario por tres mese, en donde viviste con la persona a quien considerabas tu familia, de quien nunca imaginaste separarte, ver espacios vacíos, revivir recuerdos día a día. Imaginen que, antes siquiera de poder tú salir de ese lugar, él ya está con alguien más. Imaginen buscar y buscar depa para ti y tres perros y tener que escuchar una y otra vez que no aceptan mascotas.

 

En fin, con ayuda de una amiga, logré encontrar uno. Comencé a empacar y a tratar de poner bonito el nuevo lugar al que me iría. No sé imaginan lo terrible que es desmantelar sola un espacio que compartiste con alguien. El día de la mudanza no pude evitar llorar. Afortunadamente, no estaba sola.

 

Y entonces, comienzas una nueva vida, una que ya ni recordabas como se sentía. Acostarme en la cama y pegarme «a mi lado» por costumbre, tardé MESES en poder colocarme al centro de la cama para aprovechar su espacio y saber que sólo yo era dueña de ella.

 

El refri duró mucho tiempo vacío, no encontraba razón para llenarlo, no encontraba motivación para cocinar, no encontraba manera de disfrutarlo.

 

Todo era una rutina nueva, no tenía con quien compartir la responsabilidad de mis perros, debía atender el trabajo que me tenía agotadísima emocional y físicamente. No poder pedirle a alguien que me preparara un té para sentirme mejor… estaba sola. Otra vez.

 

Y sí, honestamente, yo disfruté mucho el tiempo en que viví sola, es una de las etapas de mi vida que añoro cañón. Pero para nada se le parecía a esta nueva, esta no me emocionaba en absoluto. Poco a poco busqué la manera de sentirme mejor, de disfrutar de mi Depa de Soltera, mi tiempo, mi baño, mis dos closets. Y sí, poco a poco lo logré.

 

Luego, dejé el trabajo «seguro» y decidí tomar como prioridad este blog, dedicarme a mí y a lo que me hace feliz, ¡que meses tan difíciles! (esta etapa llamada «emprendimiento que pinche difícil has sido» se las contaré después).

 

Me sentí frustrada, muchas veces llorando reprochaba el hecho de que yo no me puse en esa situación, yo no quería terminar esa relación, no quería mudarme, no quería quedarme a cargo de tres perros sola, no quería estar donde estaba… Me sentí obligada a vivir una vida que yo no había elegido.

 

Fue difícil entender que, si bien todo eso era el resultado de una decisión que yo no tomé, sí era lo mejor que me podría haber pasado.

 

Me di cuenta que seguir lamentándome no iba a servirme de nada, que nada iba a cambiar y que ya tampoco quería que regresara eso que había tenido. Al fin topé que esa forma tan agresiva en que la vida me hizo darme cuenta por donde debía retomar mi camino era de la única en la que me iba a atrever a hacerlo.

 

Les he contado varias veces que yo no me quiero casar, tampoco quiero tener hijos, así que, para mí, la unión libre es mi mayor muestra de amor y de auténtico compromiso. Yo no necesito de un anillo, no necesito de un papel, porque tengo mi palabra.

 

Vivir esta separación sí fue para mí un divorcio, sí fue traumático. Precisamente en el capítulo de ayer de Big Little Lies (serie de HBO que amo) un personaje dice «El divorcio genera trauma, crees que algo es para siempre y no es así. Luego, ya no confías ni en el piso donde estas parado«. Y, efectivamente, hay muchos miedos de los cuáles debes deshacerte después de una experiencia así.

 

Por supuesto, hoy no quiero vivir con alguien de nuevo… mañana no sé, pero hoy no.

 

Vivir sola después de haber vivido en pareja, hermanas, es 10 veces más difícil de lo que pueden imaginarse, es una sacudida terrible, un enfrentamiento a monstruos todavía peores. Pero también es un renacer, es abrir los ojos y sí, también el corazón. Ese más que nunca debe estar abierto, lastimado y todo, pero siempre dispuesto. Estúpido y hermoso corazón.

 

Las quiero.

(3) Comentarios

  1. Pamela dice:

    Fabi.. gracias por compartir tu experiencia con nosotras. Esta vez no tengo nada que decirte.. solo que eres una guerrera increible. Te mando un abrazo.

  2. Andy dice:

    Justo pase por la misma situación hace ya un año, tenía el corazón tan roto, que no podía pensar en mí independencia, pero leer esto, es una inspiración para comenzar de nuevo! …. gracias

  3. Georgina dice:

    Hace tiempo ya había leído esta entrada y hoy la recordé. Vine a leer en busca de fuerza porque ya tomé la decisión de separarme del hombre al que amo y con el que me hacía mucha ilusión vivir y cuando por fin pasó yo no me lo creía, despertar y verlo ahí todos los días pero como dicen por ahí, amar también es soltar.
    Sé que es lo mejor, que es lo correcto pero no sé si tenga la fuerza suficiente para mantenerme firme en mi decisión. Vivimos en CDMX. Yo llegué hace dos días a Acapulco, él llegó ayer a tratar de arreglar las cosas. Fuimos a bailar, nos abrazamos, tomamos un trago, después nos perdimos y no llevábamos teléfonos. Platicamos hasta el amanecer y resolvimos que no había nada más que intentar. Él ya se fue. Yo sigo aquí, con un miedo terrible a volver al depa que comparrimos, tener que enfrentar lo que se viene y hacerme cargo de mi decisión.
    Este dolor, desesperación y angustia se asemeja mucho a lo que sentí cuando mi mamá falleció hace casi 7 años. Así de fuerte es esto.
    Cuando perdí a mi mamá perdí también mi hogar y eso me está pasando otra vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *