Vivo con mi novio… pero dormimos en recámaras separadas.

Tengo un año saliendo con mi novio y nueve meses viviendo con él.

 

Juntarnos, no es algo que planeáramos o que fuera una de nuestras charlas recurrentes; simplemente se dió, yo quería un roomie para ahorrar gastos y así poder viajar más.

 

Ambos somos muy independientes y para nosotros es muy importante mantener esa línea aún viviendo juntos. Así que se me ocurrió que podríamos iniciar viviendo como roomies, ¿cómo? Como si fuera cualquier otra persona: dividiendo las cuentas, renta, despensa e incluso cuartos… ¡si! ¡Cada quien tiene su recámara y baño!

 

Acordamos que nuestras vidas y rutinas no tendrían que cambiar por el hecho de compartir un departamento; amamos nuestra vida en pareja, pera también amamos lo que tenemos individualmente y trabajamos para no descuidar ninguna de las dos.

 

La primera vez que le conté a un amigo de como vivíamos me dijo “¿Estas loca?, ¿cómo es posible que cada quien tenga su cuarto? Dormir separados es inimaginable, ¿Qué clase de pareja son?”

 

Cuando escuche todo eso me pregunté si estábamos haciendo lo correcto, medité y dije “¡Claro, es lo mejor que nos pudo ocurrir y en realidad, a mi forma de pensar, es muy sano!

 

Su cuarto es su espacio, ahí el puede hacer lo que quiera y puede tenerlo como quiera. Pasa lo mismo con el mío, no me preocupo por si tendió o no la cama o si su ropa esta en el piso. Me importa que el mío esté ordenado y eso me hace feliz.

 

Pasa lo mismo al momento de dormir, yo necesito tranquilidad y él necesita poner la tele para arrullarse. Él se mueve toooooodo el tiempo y yo, en cuanto me acomodo, no cambio de posición.

Dormir juntos no siempre resulta divertido sino todo lo contrario, despertaba más cansada, de malas y, obvio, odiándolo por no dejarme dormir.

 

Ahora, antes de dormir estamos juntos para acurrucarnos, para ver una peli o platicar y en algún punto antes de que nos gane el sueño el visitante migra a su recamara a dormir, nos despedimos con un beso y nos encontramos de nuevo en la mañana ya descansados.

 

Cuando hace mucho frío y no puedo calentarme siempre me escapo a su cama para que me abrace o, incluso, hasta intercambiamos cama, debo aceptar que la de él es más cómoda que la mía, finalmente esto de tener camas separadas nos ha unido más y se ha vuelto motivo de juego.

Descansar es igual de valioso que cualquier otra cosa.

 

Me encanta estar junto a él, pero también suelo cansarme de la rutina y ese espacio, aunque esté dentro del mismo departamento, me hace descansar y extrañarlo. Me hace romper la monotonía de la vida diaria.

 

Tengo claro que todas las parejas son diferentes y satisfacer las necesidades de cada uno va más allá de hacer lo que se te venga en gana, es negociar y estar de acuerdo.

Vivir en pareja es compartir cosas y momentos sin perder nuestra esencia.

 

** Gracias por colaborar siempre, amiga.


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