Viviendo sola

Cuando tu vida profesional define tu vida personal…

 

Me independicé a los 26 años cuando por una oportunidad laboral decidí irme de casa de mis padres y de la ciudad de donde soy originaria (en la cual, por cierto, ya tenía un trabajo fijo).

 

Soy maestra y mi trabajo es lo suficientemente bueno como para mantenerme. Sin embargo, a pesar de haber tenido varios logros profesionales en mi vida a esa edad (como finalizar una maestría), había algo que necesitaba hacer: emanciparme.

 

Mis padres me apoyaron, como siempre en todas mis decisiones, y me fui a vivir lejos. También hablé con quien en ese momento era mi novio, el cual me apoyó y a quien sólo veía dos veces al mes cada que regresaba a mi cuidad de origen a visitar a mi familia.

 

Así que decidí tomar esa oportunidad y viajar 500 kilómetros y poco más, hacia el norte del estado y comenzar a trabajar como maestra, ahora en nivel superior.

 

La experiencia fue intensa pues durante ese tiempo aprendí “a la mala” cómo sobrevivir en un ambiente hostil de trabajo, en una pequeña ciudad -que más bien era un pueblito-, donde no conocía a nadie y en el que, además, vivía en una pequeña recámara amueblada que rentaba en un edificio. Todo esto, según yo, para ahorrar dinero (cosa que no sucedió, porque gastaba muchísimo comprando ropa y zapatos, quizás para llenar el vacío emocional que implicaba la soledad).

 

 

¿Habría valido la pena?

 

La gota que derramó el vaso fue cuando terminé la relación que tenía, en medio de un proceso bien doloroso, lleno de falsas expectativas, celos, distancias y engaños. Yo estaba bastante mal anímicamente y tan sólo llegar a ese cuartito pequeño (que casi siempre estaba desordenado), me deprimía aún más.

 

Había fines de semana que sólo me la pasaba en cama, viendo Netflix, comiendo sándwich o papas fritas y durmiendo, ya no era vida.

 

Incluso mi rendimiento en el trabajo disminuyó considerablemente, al punto en que pensé en renunciar y regresar a casa de mis padres, sin trabajo y sin ilusiones.

 

Afortunadamente justo cuando estaba colapsando conocí a una chica que en poco tiempo se convirtió en una gran amiga, súper leal y optimista con quien compartía muchas cosas en común, incluso una historia de rompimiento amoroso bastante parecida.

 

Gracias a ella comencé a salir más, íbamos al café o a hacer compras y me encantaba pasar tiempo en su depa pues era súper bonito y bastante cómodo. De ahí me surgió la idea “¿Por qué yo no tengo un espacio así?”

 

No es que ganara mal, ni que no pudiera hacer un esfuerzo para empezar a adquirir cosas y buscar otro espacio, pero mi depresión no me dejaba avanzar, todo me daba miedo.

 

Un fin de semana que fui a casa de mis padres y hablé con ellos sobre todo lo que me pasaba. Afortunadamente me comprendieron y me brindaron su apoyo emocional.

 

Cuando regresé a donde vivía, por fin tomé la decisión definitiva: abandoné el cuartito deprimente en el que vivía y me mudé a un depa pequeño pero muy bonito y, lo mejor, ¡era vecina de mi nueva amiga!

Recuerdo que mi mamá decidió ir cuando empecé la mudanza y en un fin de semana, con unos ahorros que tenía y usando mi tarjeta de crédito, comenzamos la locura de comprar los muebles y todas las cosas indispensables que necesitaba en mi nuevo depa.

 

En ese par de días no hubo descanso y entre mi madre, mi amiga y yo empezamos a montar lo que sería mi nuevo hogar.

 

Pasaron los meses y yo continuaba cuidando de mi propio nidito de amor, decorando y leyendo tips en Depa de Soltera, escuchando el programa de radio y acondicionando mi espacio con mucho amor y esfuerzo.

 

Todo eso me ayudó muchísimo a superar mi ruptura amorosa y como arte de magia (aunque yo sé que no fue así), las cosas en el trabajo retomaron su rumbo. Más bien, creo que fui yo quien empezó a mirar todo con otros ojos: al final, no estuvo tan mal haberme ido de casa de mis padres en busca de un sueño profesional, porque había encontrado algo más: valorar mi vida independiente en mi propio espacio y salir adelante por mí misma.

 

Unos cuantos meses después recibo una noticia inesperada, el cambio de centro de trabajo hacia la ciudad en donde siempre había querido vivir ya era un hecho.

Era el momento de decidir si quedarme donde estaba o iniciar esta nueva aventura.

En esta ocasión, sin miedo pero más madura y consciente de las cosas, decidí moverme de ciudad. Me despedí de mi amiga que fue como un ángel en mi camino y con quien sigo teniendo contacto a la distancia, y me fui a vivir a la ciudad de mis sueños.

 

¡Y aquí estoy!

 

Nuevo depa, mismas cosas. Todos los muebles y accesorios que adquirí en el antiguo depa representan mi triunfo sobre la depresión y el inicio de una nueva vida, pero aún no estoy lista para deshacerme de ellas… quizá más adelante. De todos modos, es una fortuna que todo eso vaya perfecto con el nuevo depa, que en nada se parece al anterior pero que es igual de bonito.

 

Ahora estoy trabajando en una escuela que me gusta, con un ambiente laboral más afable y positivo, me encanta esta ciudad, me reencontré con viejas y buenas amistades, mi depa es pequeño pero muy lindo.

 

Y detalle importante, conocí a alguien con quien compartir por ratitos mi espacio personal. Aún no estoy lista para dejar de vivir sola, pero sin duda esta nueva experiencia de pasar fines de semana o alguno que otro día durante la semana con una pareja es algo lindo y voy aprendiendo cada día.

 

Yo sé que no todo es perfecto y que en el futuro enfrentaré obstáculos o tendré que tomar decisiones difíciles, pero por el momento, puedo decir que estoy pasando una de las mejores etapas.

 

Así es cómo la vida no deja de sorprenderme ¡Qué belleza!

 

FOTO PRINCIPAL

 

 


Me llamo Magdalena Luna Vázquez, tengo 30, soy maestra de Educación Normal, vivo en Xalapa, Veracruz ¡y me encanta mi independencia! Disfruto mucho la compañía de mi familia y amigos y cuando tengo pareja, compartir juntos momentos en el depa es una experiencia súper agradable. Soy una criatura de rutinas, pero me gusta que me sorprendan. Fan de la limpieza y el orden pero también flexible con las manías de otros. Soy idealista y apasionada. Mi sueño más grande es que hombres y mujeres podamos coexistir en equidad, respeto y amor los unos a los otros. Me encanta comer en restaurantes solitarios y beber tragos en bares desiertos. Tengo el sueño de viajar y por lo menos conocer 5 países. Soy desordenada en mis finanzas y creo que por eso no he logrado algunas metas, pero aprendo de mis errores y me sobrepongo a los problemas. ¡Sólo soy una chica común y corriente con una vida extraordinaria!

 


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(4) Comentarios

  1. karina esquivel dice:

    hola, tu pot me gustó mucho… ya que yo estoy viviendo una situación similar. Sólo que aún estoy en una etapa de depresión. Ya no soporto vivir en la ciudad / pueblo donde me encuentro. Las personas son hostiles y el trabajo tampoco ha sido muy bueno. Esoy pensando en regresar a la Ciudad de donde soy originaria, pero no sé si quiero regresar a casa de mis papás o continuar yo sola.

  2. Katy dice:

    Me encanto!!
    E
    Tu postura es muy similar a lo que estoy viviendo actualmente!!

  3. No inventes! Estoy justo viviendo tu historia y voy en la etapa del rompimiento ☹ espero todo mejore.

  4. La independencia es Libertad! Y la libertad es algo Maravilloso!
    Felicidades por tu blog!

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